Entonces, en base a las evidencias presentadas, ¿es posible
elaborar un concepto, por lo menos tentativo, de lo que es el
amor? En uno de los párrafos anteriores habíamos dicho que el
término ahab aparece mayormente como un verbo; por lo tanto,
es posible definirlo más como una acción. Se había mencionado
también que las razones etimológicas no son suficientes para definir
una enseñanza bíblica, por cuanto su uso podría resultar
falaz. Además, se han verificado los usos indistintos e intercambiables
de la raíz ahab, cuyas aplicaciones iban desde la descripción
de episodios profundamente negativos hasta el uso positivo
más sublime. Por consiguiente, las razones que se han presentado
apuntan a una comprensión contextual y hasta circunstancial.
También se mencionó que, al margen del elemento cultural,
el significado básico debería entenderse como una acción cuyo
valor se desprende de la motivación y los resultados que produce.
Un detalle importante es que las acciones de ahab no están desprovistas
del elemento emocional. Desde este punto de vista, no
se parece en nada a la idea del cristianismo moderno de un amor
más racional desprovisto de tal elemento.
Finalmente, la hora de la elaboración de un concepto ha llegado,
pero antes es necesario advertir que la Biblia refleja un pensamiento
que es necesario tener en cuenta: La elaboración de un
concepto a partir de las Sagradas Escrituras está muy lejos de la
abstracción occidental muy influida por el pensamiento griego.61
El pensamiento bíblico, al que podíamos designar también pensamiento
hebreo, tiende por naturaleza hacia la concreción, es decir,
sus conceptos giran en torno a una realidad palpable por los sentidos:
a una acción. Desde este punto de vista, se conceptúa el
amor más como un acto que podría tener motivaciones negativas
o positivas, cuyo valor se desprende por los resultados que produce.
Al realizar la revisión bibliográfica con respecto al significado
de la frase tiempo de angustia en el libro de Daniel 12:1-3,
salen a la luz diferentes puntos de vista, interpretaciones o enfoques.
Al organizar las diversas opiniones según la concordancia
de los intérpretes entre sí, podemos hallar tres grandes grupos que,
si bien es cierto, poseen una misma concepción en cuestiones de
significado de este período angustioso, varían en tres aspectos importantes:
causantes, contexto y receptores.El primer grupo, que es reconocido por su enfoque preterista,sitúa el cumplimiento de las profecías en el segundo siglo
antes de la era cristiana, con lo que el tiempo de angustia tendría
como causante a Antíoco IV Epífanes, quien tuvo cierto protagonismo
en el 168/7 a.C. De este modo, los receptores principales
del “tiempo de angustia” habrían sido los habitantes de la nación
israelita (los judíos).El segundo grupo, denominado futurista por su particular
enfoque del cumplimiento de las profecías apocalípticas en un futuro distante, tiene como base de su propuesta la concepción de la septuagésima semana de Daniel 9 ubicada en el futuro, rompiendo la secuencia histórica de las otras 69 semanas que le anteceden. En ese contexto, interpretan los días de esa última semana como 7 años, aplicando el principio día por año y denominando a la mitad de esta semana el tiempo de angustia. Entretanto, otros adoptan el período de los 1260 días de Daniel 12 en forma literal y, haciendo el cálculo con meses de treinta días exactos, explican que el tiempo de angustia sería un período de tres años y medio previo al retorno del Mesías. Además, colocan como principal causante a un emperador romano con quien inicialmente se formaría una alianza, pero que luego de tres años y medio, perseguiría únicamente a la nación judía, que vendría a ser la receptora del tiempo de angustia. Finalmente, para los historicistas, la concepción del tiempo de angustia, aunque tiene que ver con eventos escatológicos, solo se resume a un período corto de tiempo previo a la segunda venida de Jesús, cuyo principal causante sería el cuerno pequeño identificado como el poder Católico Romano (papado). Los receptores del tiempo de angustia en esta corriente de interpretación vendrían a ser el verdadero pueblo de Dios y no solo los israelitas/ judíos como nación. Al considerar todas estas interpretaciones, la pregunta que esta investigación no pretende resolver, pero que sería recomendableque se hiciera en futuras investigaciones, es: ¿cuáles son las bases filosóficas que subyacen a cada enfoque interpretativo?
El decreto de muerte es un evento escatológico generalmente
ubicado en la narrativa de Apocalipsis 13:15-17, donde se describe el accionar de la imagen de la bestia al perseguir al remanente.Siguiendo la línea tradicional de la teología adventista, dicho acontecimiento se posicionaría en el periodo posgraciano del marco escatológico. Sin embargo, algunos estudiosos del texto bíblico y de los escritos de Elena G. de White sostienen que el decreto de muerte debe ser ubicado en el periodo pregraciano.
Elena G. de White fue una prolífica escritora, con alrededor
de 100.000 páginas escritas y más de 60 libros. Como es de esperar
en un cuerpo literario tan extenso, en sus escritos se encuentran
algunas expresiones y frases que son difíciles de explicar y que los
críticos han utilizado para hacer toda clase de acusaciones. Una de
estas expresiones es “el ojo que todo lo ve” (all-seeing eye), que
fue usada al menos en 72 ocasiones diferentes por Elena G. de
White.122 Dado que en la actualidad esta frase tiene connotaciones
masónicas, sus críticos han afirmado que Elena G. de White perteneció
a alguna sociedad secreta masónica. En este artículo analizaremos esta acusación y veremos realmente qué relación hay entre la frase “el ojo que todo lo ve” y la masonería. También buscaremos una explicación del porqué Elena G. de White utilizó esta expresión en sus escritos.